Hipertensión arterial e hipercolesterolemia

La hipertensión (HTA) es la elevación de la tensión arterial de manera sostenida. ¿Y qué es la presión arterial? Es la presión que el corazón necesita ejercer sobre las arterias para que distribuyan la sangre entre los diferentes órganos de nuestro cuerpo. La presión máxima (sistólica) se obtiene en cada vez que el corazón se contrae y la mínima (diastólica), cada vez que éste se relaja y se suele expresar con dos números, por ejemplo 130/80 mm Hg, que indican la presión máxima y mínima respectivamente. 

Podemos definir las hiperlipemias o dislipemias como la elevación de la concentración de colesterol y/o TG por encima de los valores ideales (aquellos que suponen un mínimo riesgo de enfermedad cardiovascular). Podemos añadir dentro de la definición el descenso de colesterol-HDL, ya que también se ha comprobado que incrementa el riesgo coronario.

La hipercolesterolemia es una de las enfermedades de más importancia en la actualidad. Las personas que tienen el colesterol alto no presentan síntomas, por lo que es necesario un control analítico periódico para poder ver cómo se encuentran los niveles en sangre. Se considera que el colesterol empieza a estar elevado cuando el colesterol total se encuentra por encima de los 200 mg/dl. La situación es más grave cuando el colesterol alcanza valores superiores a 250 mg/dl.

Des de hace años se conoce la relación que existe entre las alteraciones del metabolismo lipídico (hiperlipemia) y la aparición de enfermedades cardiovasculares (ECV). Las ECV son importantes ya que representan la principal causa de muerte en los países desarrollados; la OMS calcula que en el 2030 un total de 23,6 millones de personas morirán por esta causa. Estas enfermedades comprenden: el infarto de miocardio, el accidente vascular cerebral y la enfermedad arterial periférica.

Los estudios han puesto de manifiesto que existe una relación directa entre valores altos de colesterol plasmático total y colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (LDL) y la prevalencia de ECV. Por otro lado, existe una relación inversa entre los niveles de colesterol unidos a lipoproteínas de alta densidad (HDL) o “colesterol bueno” y la aparición de ECV. Además, la elevación de triglicéridos (TG) plasmáticos se considera también un factor de riesgo cardiovascular, aunque su potencia aterógena (capacidad de formar placas de ateroma en la luz arterial) es menor que la ejercida por la elevación del colesterol-LDL.

El papel de la dieta en el tratamiento de las dislipemias es fundamental. Los hábitos dietéticos actúan directamente en la modificación del perfil lipídico, pero también es importante su influencia sobre otros factores que intervienen en la formación de la placa de ateroma (inflamación, oxidación lipídica, función endotelial y trombogénesis). No obstante, no debemos olvidar que hay otros elementos que son igual de importantes que la dieta en el control de las dislipemias; el ejercicio físico y la abstención tabáquica. Por último, siempre debemos valorar el estado general del paciente y observar si presenta también otros factores de riesgo cardiovascular: como son la diabetes u la obesidad.

A nivel dietético, los ácidos grasos son los componentes más determinantes de la concentración plasmática de lípidos. Los AGS se han relacionado con la elevación del colesterol plasmático total y colesterol-LDL “colesterol malo”. Por el contrario, el consumo de AGM y AGP tiene un efecto protector frente al desarrollo de arteriosclerosis y ECV. Además, hay otros factores dietéticos que influyen, como el consumo de fibra o de azúcar (dieta pobre en fibra y rica en azúcares afecta negativamente al perfil lipídico).

Para finalizar, cabe remarcar que, a veces; pueden existir causas congénitas o causas adquiridas, secundarias a alteraciones metabólicas o al consumo de ciertas sustancias (alcohol o fármacos), que pueden cursar con dislipemias.

 

Indicaciones dietéticas

El tratamiento inicial de toda dislipemia debe ser la modificación dietética, que deberá asimilarse como un hábito y mantenerse de por vida. Si al cado de 6-12 semanas de la modificación dietética no se han alcanzado los objetivos terapéuticos, debe considerarse el tratamiento farmacológico. Ahora bien, los fármacos hipolipemiantes deben complementar los hábitos dietéticos, pero en ningún caso sustituirlos.

También tenemos que tener en cuenta que las dislipemias deben tratarse de forma integral: es imprescindible controlar simultáneamente la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y otros factores de riesgo.

Los objetivos de las recomendaciones nutricionales en las dislipemias son los siguientes:

  • Reducir el consumo de grasa total. Se acepta hasta un 35% del valor calórico total si los ácidos grasos son predominantemente AGM.
  • Reducir el consumo de AGS y sustituirlos por AGM y AGP.
  • Limitar la ingesta de alimentos ricos en colesterol y en ácidos grasos trans.
  • Predominio de hidratos de carbono complejos, limitando los azúcares senzillos.
  • Asegurar un aporte adecuado de fibra, sobretodo de tipo soluble.
  • Limitar el consumo de alcohol.
  • Consumir entre 1,5 y 3 g/día de fitoesteroles.
  • Asegurar una dieta equilibrada, con un buen aporte de macro y micronutrientes.
  • Mantener el peso lo más cercano posible a los márgenes de normopeso según las tablas de referencia.

 

Consejos prácticos:

  • La dieta debe ser equilibrada, saludable y variada.
  • Es conveniente controlar el consumo de grasas animales:
    – Disminuir el consumo de carnes ricas en grasa (cerdo, cordero, embutidos, partes grasas y vísceras).
    – Retirar la grasa visible de la carne y la piel del pollo. Se puede marinar la carne con especias o hierbas aromáticas.
    – Los caldos elaborados a base de despojos animales (huesos, carcasa,..) deben desgrasarse, eliminando la grasa formada en la superficie.
    – Consumir como máximo 2 o 3 yemas de huevo a la semana.
    – Tomar todos los lácteos (leche, yogurt, queso) desnatados.
  • Evitar la pastelería y la bollería (elaborados con grasas saturadas).
  • No son recomendables los platos precocinados (pizzas, canelones,..), así como los aperitivos grasos (patatas chips, croquetas,..) y los elementos desecados de cocina rápida (sopas de sobre, purés,..).
  • Tomar alimentos naturales, siempre que sea posible, con el fin de evitar la ingesta de grasas “escondidas”.
  • Es importante leer bien las etiquetas de todos los productos comerciales para conocer bien los ingredientes que contienen. Por ejemplo, los productos con “grasas vegetales” suelen contener grasas de coco y palma, poco recomendables. O los productos que especifican “no contiene colesterol” pueden estar elaborados con grasa saturada, que tampoco nos interesa.
  • Utilizar aceite de oliva virgen para cocinar. Para aliñar se puede usar aceite crudo de oliva, girasol o maíz.
  • Cocinar con poco aceite: plancha, vapor, grill, horno, microondas etc.
  • Aumentar el consumo de fibra alimentaria con: verduras crudas y cocidas, fruta fresca con piel, legumbres y cereales integrales. Consumir 2 o más raciones de verduras u hortalizas al día y 3 o más raciones de fruta al día.
  • Tomar legumbres 3 o 4 veces a la semana.
  • Tomar frutos secos y/o semillas al menos 2 veces por semana.
  • Se aconseja tomar 2 o 3 veces por semana pescado azul (sardinas, salmón, atún,..). El marisco puede tomarse con moderación.
  • Se pueden tomar alimentos enriquecidos con fitoesteroles (máximo 2 g/día).
  • Limitar el consumo de alcohol.
  • Realizar actividad física según las posibilidades: caminar, nadar, bicicleta, aerobic, etc. Intentar realizar, como mínimo, 30 minutos diarios de alguna actividad física.

 

Si quieres saber más info@laiaserra.com